Así, la misiíón de la Iglesia no se añade a la de Cristo y el Espíritu Santo, sino que es su sacramento en todo su ser y en todos sus miembros ha sido enviada para anunciar y dar testimonio, para actualizar y extender el misterio de la Comunión de la Santísima Trinidad
Todos nosotros que hemos recibido el mismo y único espíritu, a saber, el Espíritu Santo, nos hemos fundido entre nosotros y con Dios. Ya que por mucho nosotros seamos numerosos separadamente, y que Cristo haga que el Espíritu del Padre y Suyo habite en cada uno de nosotros, este Espíritu Ünico e indivisible lleva por sí mismo a la unidad, a los que son distintos entre sí.... y hace que todos aparezcan como una sola cosa en El.
Y de la misma manera que el poder de la Santa Humanidad de Cristo hace que en todos aquellos en los que ellos se encuentra formen un solo cuerpo, pienso que también de la misma manera el Espíritu de Dios que habita en todos único e indivisible, los lleva a todos a la unidad espiritual.
Puesto que el Espíritu Santo es la Unión de Cristo, Es Cristo Cabeza del Cuerpo quién lo distribuye entre sus miembros para alimentarlos, sanarlos, organizarlos en sus funciones mutuas, vivificarlos, enviarlos a dar testimonio, asociarlos a su ofrenda al Padre y a su intercesión por el mundo entero. Por medio de los sacramentos de la Iglesia, Cristo comunica su Espíritu, Santo y Santificador, a los miembros de su cuerpo.
Estas "Maravillas de Dios" ofrecidas a los creyentes en los Sacramentos de la Iglesia, producen sus frutos en la vida nueva en Cristo Según el Espíritu.
El Espíritu viene en ayuda de nuestra flaqueza. Pues nosotros no sabemos pedir como conviene, más el Espíritu Santo intercede por nosotros con gemidos inefables. El Espíritu Santo artífice de las obras de Dios, es el Maestro de la oración.
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